Morir dos veces.


(Sin título, de la serie"Morir dos veces" Diciembre de 2010 - marzo de 2011, colectiva "Fuera de lugar", Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago de Chile. Curatoría de Andrea Josch)



("Morir dos veces" Octubre-noviembre 2010, colectiva "Primitivos/contemporáneos", Sala El Atrio, Universidad de Guanajuato, México - Festival Internacional Cervantino. Curatoría de Mane Adaro)


("Morir dos veces" Septiembre-octubre 2009, colectiva "8 de Chile", Fotogalería ARCOS, Santiago de Chile - Fotografía de registro de Fernando Prado)


Tan misteriosas como insolentes se yerguen las edificaciones que, de tanta pretensión por ser un abordaje humano en un terreno imposible, no terminan sino siendo otra cosa que silencios en medio de un silencio mayor, si es que es posible una ausencia superior a otra, un subconjunto vacío dentro de otro extraño vacío contenedor.

Generalmente inconclusos por la mano humana, es en ese emplazamiento donde estos monumentos parecieran completarse a sí mismos, cuando el desierto anónimo y silencioso los toma para sí y los vuelve parte del paisaje, supliendo de ese modo aquella carencia reflexiva de quienes construimos.

Así este papel lustre devela no sólo la imagen del registro, sino también aquella función redentora de la naturaleza, la que es vincular de forma responsable al objeto introducido con el paisaje, siempre más acogedor que lo que la palabra “desierto” nos sugiere. Para ello, abandonar el papel rojo a decolorarse, a saciarse de sol y viento, de calor y frío extremos, a pasar por todo lo que el fotógrafo no pasó, por todo lo que el constructor se ahorró, por todo a lo que aquella construcción fue expuesta por curiosa negligencia. En definitiva, a ser castigado para redimir todas nuestras faltas, esas que nos invisten a diario de absurdos colonizadores.










Salitrera Valparaíso

("Salitrera Valparaíso" Noviembre 2010, colectiva "¿nde el paisaje?" Festival Internacional de Fotografía en Valparaíso, Chile. Curaturía de Mane Adaro)


Un Ulises a medias, despojado, cercenado. Escindida la ropa del sombrero que vuela sobre la cabeza. La distancia se acorta con el vuelo y las ideas me raptan. Amor y amargura, la rabia del retorno que me arropa y que meza mi cabello. Azotando las puertas que se dejan atrás levantado aire en medio del polvo.

(Textos: Víctor Estivales -- Fotografías: Cristian Maturana)






Barrio es donde todo sucede de manera pequeña y autosuficiente.

("Barrio es donde todo sucede de manera pequeña y autosuficiente" Noviembre-diciembre 2008, colectiva "Cartel se busca", intervención en Barrio Italia, Santiago de Chile )


Fotografiar al cartel en blanco frente al local comercial de impresos, entrar a él, descargar la foto, imprimirla y montarla. Sacar el cartel y exponerlo frente al local.
Es el modo en que me gusta habitar.






C.M. / C.M. (Yo es otro)


(Exposición individual "C.M. / C.M. (Yo es otro)" Octubre-noviembre 2008, Fotogalería ARCOS, Santiago de Chile).


(Exposición individual "C.M. / C.M. (Yo es otro)" Agosto-septiembre 2008, Centro de Extensión del Consejo de la Cultura y las Artes, Valparaíso).

("C.M./C.M. (Yo es otro)", colectiva Territorios Fronterizos, diciembre de 2014, Centro Cultural Matucana 100, Santiago de Chile. Curaduría de Nathalie Goffard)
("C.M. / C.M." Septiembre 2007, colectiva de envío de arte contemporáneo chileno a Bogotá "STGO-BOG-STGO". Exposición "Ficción / Fricción", enviada por Galería AFA y Colectivo Ojozurdo.cl a Galería Sextante de Bogotá, Colombia).



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La importancia de llamarse Cristian Maturana

"Yo es otro" o "Yo es un otro", la frase de Arthur Rimbaud "Je est un autre" extraída de una de sus Cartas de un vidente escrita a los 16 años, cumplió para su autor la función de separar el ser del hacer o percibir de ese mismo ser; como Rimbaud mismo lo ilustra, separar de la trompeta el bronce de la trompeta. La conciencia es una y debe saber escindirse de lo otro que acumula los contenidos de la identidad, la actitud y la conducta. Al asumir esa otredad dentro de sí mismo, el poeta despliega una libertad sin límites ya que la responsabilidad que la cautela es inmanente a quien ejerce dicha libertad.
Cristian Maturana citó la frase de Rimbaud en una exhibición previa en Bogotá de parte de los 19 retratos que ahora expone en Valparaíso y luego en Santiago, donde la ocupa de título, en una utilización que pareciera prescindir del significado subyacente para quedarse sólo con la literalidad de la frase, pues ella le basta y sobra para aludir a su trabajo. En éste, sin más, el 'yo' es el nombre –Cristian Maturana– en tanto el 'es otro' son todos aquellos que, desde sus diversas proveniencias y destinos, llevan dicho nombre sin ser el mismo ni él mismo, el autor. Limpiamente, el título enuncia la paradoja de un identificador de orígenes cristiano y vasco de extendida diseminación, y la unicidad excluyente de cada uno de sus portadores en común, paradoja que constituye la clave del proyecto de Cristian Maturana el autor. Todas las connotaciones implícitas, desde la banalización de un nombre que portan tantos como los que aquí vemos y tantos y tantos más que no vemos, hasta la antojadiza diversidad y frecuente desigualdad de una existencia que reparte largamente aspectos físicos, oficios y devenires, quedan resueltos con la frase "Yo es otro".
No obstante, ello sólo acota, no involucra a nadie; pasa lista –19 Cristianes Maturana dicen 'presente' y dan la cara– pero no da cuenta de sus reojos, sus temblores y sus suspiros. Hasta que nos devolvemos al sentido de la frase de Rimbaud, más allá, más acá de su enunciado formal. Y éste nos aguarda, silencioso pero latente, como el papel mural sobre el cual Cristian Maturana el autor ha dispuesto a sus homónimos. Es el verdadero 'es otro' o 'es un otro', cuya existencia y reconocimiento despliega la libertad a ultranza del poeta. Cada CM se desdobla entonces y empieza a bailar su música irrefrenable por los vericuetos del empapelado floreado que alguna abuela hipotética de Cristian Maturana el autor –la abuela de todos y cada uno de los CM presentes y de todos y cada uno de los CM aludidos, por miles– les ha guardado estos años para su solaz infinito.
Mario Fonseca. Santiago, julio de 2008

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Mira donde estoy.

("Mira donde estoy" Marzo-mayo 2008, colectiva "Ellos me miran", Sala Gasco de Arte Contemporáneo, Santiago de Chile - Texto y curatoría de Catalina Mena)


Más allá de la reinterpretación simbólica y estética de un fenómeno social, se habla de conflictos de ser y no querer ser, que superan toda contingencia. De este modo, se vuelve al origen de la fotografía, como conjuro contra la muerte y como rescate de un tiempo siempre fugaz. Si la fotografía está obsesionada con el tiempo y la caducidad, quiere decir que es un arte del viaje. Por ello, todo fotógrafo es un inmigrante.









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